Noticias sobre Barrón en La Opinión de Zamora:
Los restos de Eduardo Barrón se trasladarán al cementerio de San Atilano. El artista estrenará el panteón de personas ilustres antes de que finalice la conmemoración del centenario de su fallecimiento en noviembre
El retorno supone cumplir una promesa de los hijos del escultor
Barrón, en su casa.El grupo «Nerón y Séneca» cumple un año en la sala de romano del Museo de Zamora tras llegar desde el Prado
Pagina homenaje al escultor español Eduardo Barrón González. Moraleja del Vino 1858-Madrid 1911.Esculturas: Viriato 1883 Zamora; Adán después del pecado 1885 Madrid; Santa Eulalia ante Daciano 1887 Madrid; San José y el Niño Dios 1888 Loreto Italia; Roncesvalles 1889; Hernán Cortés 1890 Medellín; Cristóbal Colón 1893 Salamanca; Minería e Industria 1895 Escuela Minas Madrid; Tentación 1898 Museo Zamora; Nerón y Séneca 1903 Córdoba y Emilio Castelar 1905 Cádiz
lunes, 8 de octubre de 2012
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Evaristo Muñoz Barrón
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18:20
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viernes, 27 de julio de 2012
Nuevo artículo sobre Barrón en La Opinión de Zamora
Publicado un nuevo artículo sobre Barrón en La Opinión de Zamora el 25/06/2012:
El espejo de la vanidad
El escultor Eduardo Barrón pintó un autorretrato «de uso personal» al que fue añadiendo todas las dignidades que le eran concedidas
JOSÉ MARÍA SADIA Miércoles 25 de julio de 2012.laopiniondezamora.es
Eduardo Barrón hizo gala de un humilde origen durante su exigua existencia. Llevaba a orgullo ser el hijo de un zapatero en la Moraleja del Vino de finales del siglo XIX. Amó su dedicación escultórica y su labor en el Museo del Prado, pero guardó un secreto en casa, un espejo en el que mirarse y ver reflejado su otro ego, el que mueve la creación de todo artista. La exposición «Nuevos datos para antiguas obras» que acaba de inaugurar el Museo de Zamora descubre al público ese misterio: un autorretrato de Barrón en el que, vestido de gala, luce todas las dignidades que le fueron concedidas por su producción artística. En el fondo de la pintura, Minerva -diosa de la Cultura y de las Artes- custodia entre sábanas la inspiración del escultor zamorano. La historia es un regalo del Museo de Zamora, que ha colocado una veintena de piezas en su cámara temporal con curiosas anécdotas recuperadas para la ocasión. Allí, el imponente autorretrato de Barrón está flanqueado por la imagen pública del autor, plasmada en dos sobrias pinturas del artista que marcan la juventud y el ocaso del zamorano. La primera de ellas exhibe al joven escultor hacia 1882 y es, quizá, su rostro más conocido tras haber ilustrado la portada del libro «Barrón, un escultor olvidado» que escribió su propio hijo. El conservador del Museo de Zamora, Alberto del Olmo, explica que el director de la Academia de España en Roma, Vicente Palmaroli, le hizo el retrato cuando llegó como becado a la ciudad eterna, donde bebió la cultura clásica. La pieza que figura en el Palacio del Cordón es una copia de aquel original fabricada por el propio Barrón. La otra pintura muestra a un Barrón en plena madurez. El autor fue José Villegas, director del Prado, que realizó la obra en 1911, año de la muerte del artista zamorano. «Son dos retratos sencillos sin ninguna importancia iconográfica, al principio y al final de su vida», asevera Del Olmo. Entre ambos cuadros, esa suerte de espejo de la vanidad. «Es una pintura casi de uso personal en la que Barrón, vestido con el uniforme de gala como jefe de administración civil, exhibe todas las dignidades que había conseguido a lo largo de su vida», detalla el conservador del Museo. Gracias al estudio de Letizia Azcue, jefe de Conservación en el Prado, sabemos cuáles fueron aquellas distinciones. Así, se puede apreciar la cruz de caballero de la Orden de Santiago (1901), la medalla de Alfonso XIII o las encomiendas de Isabel la Católica, Carlos III y Alfonso XII, además de la cruz al mérito militar. Y aquí viene lo más curioso. Barrón nunca dio por terminada una pintura en constante evolución. «Iba pintándose en el pecho nuevas medallas a medida que se las iban concediendo», revela Alberto del Olmo. Así, la pintura es una especie de «cursus honorum» del artista, un retrato en el que Barrón alimenta su propio ego. A solas, el artista y el lienzo ante la mirada oculta de la diosa Minerva. La misma que preside la conversación de yeso entre Nerón y Séneca que reposa a unos metros, en el salón dedicado a Roma, segunda casa de Barrón.
Artículo "El espejo de la vanidad" en LOZ
El espejo de la vanidad
El escultor Eduardo Barrón pintó un autorretrato «de uso personal» al que fue añadiendo todas las dignidades que le eran concedidas
JOSÉ MARÍA SADIA Miércoles 25 de julio de 2012.laopiniondezamora.es
Eduardo Barrón hizo gala de un humilde origen durante su exigua existencia. Llevaba a orgullo ser el hijo de un zapatero en la Moraleja del Vino de finales del siglo XIX. Amó su dedicación escultórica y su labor en el Museo del Prado, pero guardó un secreto en casa, un espejo en el que mirarse y ver reflejado su otro ego, el que mueve la creación de todo artista. La exposición «Nuevos datos para antiguas obras» que acaba de inaugurar el Museo de Zamora descubre al público ese misterio: un autorretrato de Barrón en el que, vestido de gala, luce todas las dignidades que le fueron concedidas por su producción artística. En el fondo de la pintura, Minerva -diosa de la Cultura y de las Artes- custodia entre sábanas la inspiración del escultor zamorano. La historia es un regalo del Museo de Zamora, que ha colocado una veintena de piezas en su cámara temporal con curiosas anécdotas recuperadas para la ocasión. Allí, el imponente autorretrato de Barrón está flanqueado por la imagen pública del autor, plasmada en dos sobrias pinturas del artista que marcan la juventud y el ocaso del zamorano. La primera de ellas exhibe al joven escultor hacia 1882 y es, quizá, su rostro más conocido tras haber ilustrado la portada del libro «Barrón, un escultor olvidado» que escribió su propio hijo. El conservador del Museo de Zamora, Alberto del Olmo, explica que el director de la Academia de España en Roma, Vicente Palmaroli, le hizo el retrato cuando llegó como becado a la ciudad eterna, donde bebió la cultura clásica. La pieza que figura en el Palacio del Cordón es una copia de aquel original fabricada por el propio Barrón. La otra pintura muestra a un Barrón en plena madurez. El autor fue José Villegas, director del Prado, que realizó la obra en 1911, año de la muerte del artista zamorano. «Son dos retratos sencillos sin ninguna importancia iconográfica, al principio y al final de su vida», asevera Del Olmo. Entre ambos cuadros, esa suerte de espejo de la vanidad. «Es una pintura casi de uso personal en la que Barrón, vestido con el uniforme de gala como jefe de administración civil, exhibe todas las dignidades que había conseguido a lo largo de su vida», detalla el conservador del Museo. Gracias al estudio de Letizia Azcue, jefe de Conservación en el Prado, sabemos cuáles fueron aquellas distinciones. Así, se puede apreciar la cruz de caballero de la Orden de Santiago (1901), la medalla de Alfonso XIII o las encomiendas de Isabel la Católica, Carlos III y Alfonso XII, además de la cruz al mérito militar. Y aquí viene lo más curioso. Barrón nunca dio por terminada una pintura en constante evolución. «Iba pintándose en el pecho nuevas medallas a medida que se las iban concediendo», revela Alberto del Olmo. Así, la pintura es una especie de «cursus honorum» del artista, un retrato en el que Barrón alimenta su propio ego. A solas, el artista y el lienzo ante la mirada oculta de la diosa Minerva. La misma que preside la conversación de yeso entre Nerón y Séneca que reposa a unos metros, en el salón dedicado a Roma, segunda casa de Barrón.
Artículo "El espejo de la vanidad" en LOZ
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Evaristo Muñoz Barrón
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miércoles, 16 de mayo de 2012
Barrón en el santuario de Loreto [LOZ 16.05.2012]
La familia del artista acerca al papel del zamorano en la
basílica italiana
Miércoles 16 de mayo de 2012 N. S.
Eduardo Barrón «es
un escultor castellano que comparte espacio en el santuario de Loreto, en
Italia, con grandes figuras del Renacimiento como Bramantes o Sangallo» gracias
al deseo del papa «León XIII que quería que realizara el ornamento principal de
la capilla dedicada a España de esa basílica», detalló ayer el sobrino-nieto
del artista, Alejandro Belaústegui con motivo de la conferencia «Recuerdos de
Barrón. Una donación ejemplar», promovida desde el Museo de Zamora para dar a
conocer la aportación de particulares e instituciones a la difusión del
patrimonio cultural que realizan los museos.
El estudioso de la obra del artista nacido en Moraleja del Vino centró su exposición en la aportación del zamorano en el templo italiano «por el desconocimiento que se tiene». Para la basílica el escultor realizó la pieza de «San José con el Niño Dios» en 1888, antes de regresar a España, por la mediación «del embajador de España Alejandro Groizard, protector del artista, que le habló al papa León XIII de Barrón e incluso hubo una reunión entre el pontífice y los padres Capuchinos», mencionó Alejandro Belaústegui.
Su último año en Italia Barrón «lo dedicó a realizar la escultura en mármol de Carrara», aportó el sobrino nieto que compara la pieza del zamorano con «San Juan» de Donatello, pero Barrón «transmite paz y serenidad en su obra, pese a tener un tamaño superior al natural». «Apuesta por un santo realista con gran fuerza interior y con una mirada serena y profunda», comentó, mientras que del Niño alabó «los pliegues geométricos de la túnica que recuerdan a los que aparecen en los monjes de Zurbarán». «En su realización Barrón se basó en los cuatro años que pasó en Roma, una época en la que estuvo imbuido del Clasicismo y la cultura del Renacimiento», certificó el experto, quien indicó que el zamorano también decoró casi todo el altar con ricos mármoles de colores, mosaicos, dorados bronces y dos artísticos bajorrelieves. «Es un conjunto realmente desconocido», aseveró.
Por su parte el nieto del artista, Evaristo Muñoz Barrón, precisó que «la añoranza de su tierra marcó a Eduardo Barrón la pauta para hacer la escultura de Viriato» y «hasta que no la vio en Zamora, no descansó. En su interior amaba tanto a su tierra que quería que su obra estuviera en Zamora». Con esa misma filosofía los hijos del artista comenzaron a donar piezas a Zamora hace décadas. «Desde 1963, cuando mi tío se compra un coche, deciden entregar obras como "Las tentaciones de un santo"», figura que se expondrán desde finales de mes en la muestra "Monacatus" de Edades del Hombre en la localidad burgalesa de Oña.
«Una vez que fallecieron los hijos el patrimonio que quedaba diseminado por las casas de la familia decidimos seis nietos traerlo a Zamora en 2004 sin saber realmente lo que conllevaría», atestigua. «Para la familia la donación ha supuesto una satisfacción y un orgullo muy grande, puesto que sabemos que su obra está a buen recaudo y se da a conocer», precisó Muñoz Barrón.
Por otro lado, el Museo de Zamora expone distintas obras cedidas al centro para conmemorar el Día del Donante. Así se pueden observar, entre otras piezas, fotografías de Cirilo Martínez Novillo, un cuadro de José María Mezquita, una obra de Patxi Acevedo o un retrato de Barrón pintado por José Villegas así como la hoja de servicios del escultor.
El estudioso de la obra del artista nacido en Moraleja del Vino centró su exposición en la aportación del zamorano en el templo italiano «por el desconocimiento que se tiene». Para la basílica el escultor realizó la pieza de «San José con el Niño Dios» en 1888, antes de regresar a España, por la mediación «del embajador de España Alejandro Groizard, protector del artista, que le habló al papa León XIII de Barrón e incluso hubo una reunión entre el pontífice y los padres Capuchinos», mencionó Alejandro Belaústegui.
Su último año en Italia Barrón «lo dedicó a realizar la escultura en mármol de Carrara», aportó el sobrino nieto que compara la pieza del zamorano con «San Juan» de Donatello, pero Barrón «transmite paz y serenidad en su obra, pese a tener un tamaño superior al natural». «Apuesta por un santo realista con gran fuerza interior y con una mirada serena y profunda», comentó, mientras que del Niño alabó «los pliegues geométricos de la túnica que recuerdan a los que aparecen en los monjes de Zurbarán». «En su realización Barrón se basó en los cuatro años que pasó en Roma, una época en la que estuvo imbuido del Clasicismo y la cultura del Renacimiento», certificó el experto, quien indicó que el zamorano también decoró casi todo el altar con ricos mármoles de colores, mosaicos, dorados bronces y dos artísticos bajorrelieves. «Es un conjunto realmente desconocido», aseveró.
Por su parte el nieto del artista, Evaristo Muñoz Barrón, precisó que «la añoranza de su tierra marcó a Eduardo Barrón la pauta para hacer la escultura de Viriato» y «hasta que no la vio en Zamora, no descansó. En su interior amaba tanto a su tierra que quería que su obra estuviera en Zamora». Con esa misma filosofía los hijos del artista comenzaron a donar piezas a Zamora hace décadas. «Desde 1963, cuando mi tío se compra un coche, deciden entregar obras como "Las tentaciones de un santo"», figura que se expondrán desde finales de mes en la muestra "Monacatus" de Edades del Hombre en la localidad burgalesa de Oña.
«Una vez que fallecieron los hijos el patrimonio que quedaba diseminado por las casas de la familia decidimos seis nietos traerlo a Zamora en 2004 sin saber realmente lo que conllevaría», atestigua. «Para la familia la donación ha supuesto una satisfacción y un orgullo muy grande, puesto que sabemos que su obra está a buen recaudo y se da a conocer», precisó Muñoz Barrón.
Por otro lado, el Museo de Zamora expone distintas obras cedidas al centro para conmemorar el Día del Donante. Así se pueden observar, entre otras piezas, fotografías de Cirilo Martínez Novillo, un cuadro de José María Mezquita, una obra de Patxi Acevedo o un retrato de Barrón pintado por José Villegas así como la hoja de servicios del escultor.
![]() |
Alejandro Belaústegui
y Evaristo Muñoz Barrón,
en el Provincial.[LOZ]
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Evaristo Muñoz Barrón
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Por la Biblioteca del Museo de Zamora lunes, 7 de mayo
de 2012
Volvemos. Volvemos con la magnífica resaca que nos ha dejado
la celebración del Día Internacional del Libro, con sobre todo, el buen sabor
de boca que nos ha dejado la primera edición de ciclo “Música entre libros”.
Y digo (decimos) primera, deseando que el año que viene podamos repetir plato,
además del Bookcrossing y las visitas guiadas.
Pues enlazando celebraciones, el próximo día 18 de mayo se
celebra el Día Internacional de los Museos y el Museo de Zamora, entre
otras actividades, está preparando un ciclo de conferencias titulado “COMPARTIR
nuestra memoria”, que comenzará mañana, 8 de mayo. En esta primera
conferencia de un total de tres, contaremos con la presencia de Leticia
Azcue y Sonia Tortajada, restauradoras del Museo Nacional del
Prado, que con su conferencia “Museos que comparten: un recuerdo
imborrable de Barrón recuperado y restaurado” nos hablarán de la
restauración que llevaron a cabo de la obra de Barrón que preside la Sala de
Romano del Museo de Zamora.
Seguro que ya muchos han podido disfrutar de la magnífica
escultura del escultor zamorano Eduardo Barrón y es ahora una gran
oportunidad para conocer el proceso de restauración al que fue sometido ya que
se encontraba en un estado de conservación bastante deteriorado. Esa
restauración fue llevada a cabo por personal del Museo del Prado, ya que la
obra le pertenece y ahora se encuentra en depósito en Zamora, durante, en
principio, seis años.
La pieza, realizada en escayola, ha sido durante bastante tiempo el compañero de trabajo de las dos restauradoras, encargadas de hacer los informes previos de estado de conservación, la limpieza, el despejar las zonas policromadas… reconstruyendo, dentro de los criterios de mínima intervención, por ejemplo, los dedos de la mano derecha de Séneca, para lo que se tomó como referencia el boceto original a escala reducida que se conserva en el Museo de Zamora, además de la documentación fotográfica antigua donde aparece la pieza con la mano original. Aquí se pone de manifiesto la estrecha colaboración entre los dos museos, y sobre todo que el resultado del trabajo de restauración se puede disfrutar aquí en Zamora.
La pieza, realizada en escayola, ha sido durante bastante tiempo el compañero de trabajo de las dos restauradoras, encargadas de hacer los informes previos de estado de conservación, la limpieza, el despejar las zonas policromadas… reconstruyendo, dentro de los criterios de mínima intervención, por ejemplo, los dedos de la mano derecha de Séneca, para lo que se tomó como referencia el boceto original a escala reducida que se conserva en el Museo de Zamora, además de la documentación fotográfica antigua donde aparece la pieza con la mano original. Aquí se pone de manifiesto la estrecha colaboración entre los dos museos, y sobre todo que el resultado del trabajo de restauración se puede disfrutar aquí en Zamora.
Las otras dos conferencias, la siguiente el 15 y la última
el 18 de mayo, tienen también el eje central la colaboración, compartir
recursos para presentar, ofrecer, mostrar nuestro patrimonio, y una vía para
transmitir la memoria colectiva. Así, ejemplo de ello es el gran interés por
los familiares de Barrón en mostrar al público la obra de tan magnífico
artista, donando en 2004 las obras que tenían en su haber al Museo de Zamora,
para que sea posible disfrutar de ellas y así también, asegurar su
conservación. Y por otra parte, el último día, las donaciones y depósitos que
tienen en la Filmoteca de Castilla y León, donde muchos han depositado allí sus
colecciones fotográficas pertenecientes a los archivos de fotógrafos de
mediados del siglo pasado.
La idea, entonces, es compartir y transmitir la memoria
colectiva que compone el patrimonio cultural, implicando a la sociedad en tan
importante tarea.
Las tres conferencias serán el en Salón de Actos del Museo
de Zamora, a las 20h, hasta completar el aforo.
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Evaristo Muñoz Barrón
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Barrón en Las Edades del Hombre en Oña
Entre las piezas de la Diócesis zamorana destaca una
arqueta de la segunda mitad del siglo XIII descubierta en 2010 y que se dará a
conocer públicamente por primera vez en el marco de ´Monacatus´
Viernes
11 de mayo de 2012 La Opinión de Zamora"La aportación de Zamora a la exposición incluye otras cuatro obras de Zamora no diocesanas: una escultura en yeso de Eduardo Barrón, ‘Las tentaciones de un santo’, realizada en 1897 y conservada en el Museo de Zamora"
La provincia aporta 13 piezas, ocho de la Diócesis, a la
muestra Edades del Hombre de Oña
Sábado 12 de mayo de 2012
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Evaristo Muñoz Barrón
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10:59
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